T147
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El colorete decide si un rostro parece vivo o plano. La brocha cambia según la textura: no se trabaja igual el polvo que la crema.
Es la diferencia que casi nadie cuenta, y la que decide qué brocha necesitas. El polvo se deposita encima de la piel: pide una brocha de pelo suelto que recoja poco producto y lo suelte poco a poco.
La crema se funde con la piel, así que pide justo lo contrario: una brocha compacta, de pelo denso, que deposite el producto donde va y lo difumine en el sitio sin arrastrarlo. Con una brocha blanda, la crema se queda en el pelo y no llega a la cara.
Si usas las dos texturas, usa dos brochas. Y si solo tienes una, que sea la compacta: mueve el polvo bien, pero al revés no funciona.
No hay un sitio único: depende del efecto y de la cara. Sobre el pómulo, hacia la sien, levanta el rostro. En el centro de la mejilla y la nariz da el aire de piel tomada por el sol. Muy alto, casi tocando el ojo, alarga la mirada.
Lo que no cambia es el gesto: se empieza con poco producto en la parte de fuera y se lleva hacia dentro. Al revés se concentra el color en el centro de la mejilla, que es donde peor queda y más cuesta arreglar.
Amplia y de corte redondeado. Recoge el producto prensado y lo reparte sin marcar los bordes. La misma que sirve para unificar con polvos sueltos.
Pelo denso y corte corto. Deposita el color donde se necesita y difumina en el sitio. Es la que hay que usar con coloretes en crema, stick y líquidos.
El corte en ángulo se apoya solo por un lado, lo que permite seguir la línea del pómulo sin salirse. Vale igual para el colorete y para el sombreado.
Pequeña y redonda, para trabajar en la zona alta del pómulo o corregir un borde que quedó duro. Es la que salva un colorete que se ha pasado.
Casi siempre es por cargar demasiado producto de una vez. La brocha se llena, suelta todo en el primer contacto y ya no hay forma de repartirlo.
La solución es cargar poco, descargar el exceso en el dorso de la mano y construir en dos o tres pasadas. Si ya está puesto de más, se difumina con una brocha limpia y sin producto, en círculos pequeños, o se pasa por encima un poco de base con una brocha compacta.
Depende de la textura. Para colorete en polvo, una brocha de rostro amplia y de pelo suelto. Para colorete en crema, una compacta y densa que deposite el producto en vez de arrastrarlo.
Se puede, pero el resultado no es el mismo. Una brocha blanda con crema deja el producto en el pelo y no llega a la piel. Si solo vas a tener una, que sea la compacta: con polvo también funciona.
Sobre el pómulo hacia la sien levanta el rostro; en el centro de la mejilla da aspecto de piel tomada por el sol; muy alto alarga la mirada. El gesto siempre va de fuera hacia dentro, nunca al revés.
Con una brocha limpia y sin producto, en círculos pequeños, para repartir lo que está de más. Si no basta, se pasa un poco de base por encima con una brocha compacta.