B111 | Edición Limitada
28,00 €
La base es la capa que sostiene todo lo demás. Estas son las brochas con las que la trabajamos en clase y en backstage.
Los dedos calientan el producto y lo funden bien, pero dejan marcas donde la piel tiene textura y arrastran la base de las zonas donde más se necesita. La esponja absorbe parte del producto: gasta más base para cubrir lo mismo.
La brocha hace otra cosa: reparte sin absorber y permite decidir cuánta cobertura se deja en cada zona. En un rostro que va a estar delante de una cámara, esa diferencia se ve.
No es lo mismo extender una base fluida que trabajar una en crema. La forma del corte y la densidad del pelo cambian el resultado más que la marca de la brocha.
Una brocha de rostro amplia y de corte redondeado reparte el producto en movimientos largos sin dejar surcos. Se empieza por el centro del rostro y se lleva hacia fuera, que es donde menos cobertura hace falta. Lo que más se nota en una base fluida no es la brocha, es el exceso: se carga poco, se descarga el sobrante en el dorso de la mano y se construye.
La crema pide una brocha más compacta y de pelo denso, que deposite el producto donde se necesita en vez de desplazarlo. Con la crema se trabaja por zonas y se difumina el borde, no toda la superficie. Con la crema, la brocha que deposita y la que difumina son dos herramientas distintas: no intentes hacer las dos cosas con una sola.
Una lengua de gato grande de pelo denso recoge el producto prensado y lo barre sin cargar, presionando en vez de arrastrando. Va bien cuando se busca cobertura alta y también para las correcciones amplias, cuando hay que unificar sin volver a empezar.
S131
35,00 €
Alrededor de la nariz, en el lagrimal y bajo el ojo no cabe una brocha de rostro. Ahí entra una redonda compacta, que es la misma que se usa para corrector: deposita y difumina sin desplazar lo que ya está puesto.
Se deposita el producto en el dorso de la mano, no directamente en la cara: así se controla la cantidad y se templa un poco. Se carga poca brocha y se construye en capas.
El movimiento es de dentro hacia fuera y, al final, un barrido suave en la misma dirección en la que crece el vello de la cara. Ese último gesto es el que quita las marcas.
Si la piel tiene poros marcados, se trabaja presionando en vez de arrastrando: el producto entra en el poro en lugar de saltarlo.
Sobre el material: para todo lo que sea líquido o en crema la fibra sintética va mejor, porque no absorbe y se limpia entera. Pero lo que más cambia el acabado no es el pelo, sino la densidad del corte: unas cerdas apretadas dan cobertura y unas sueltas difuminan.
Depende de la textura. Para base fluida, una brocha de rostro amplia y de corte redondeado. Para base en crema, una más compacta y densa que deposite en vez de arrastrar. Para compacta y polvos, una plana o de lengua de gato grande.
La esponja absorbe parte del producto, así que hace falta más base para la misma cobertura. La brocha reparte sin absorber y permite decidir cuánta cobertura se deja en cada zona.
Cargando poco producto y construyendo en capas, y terminando con un barrido suave en la dirección en la que crece el vello de la cara. Las marcas salen casi siempre por exceso de producto, no por la brocha.
Para el corrector hacen falta brochas más pequeñas que lleguen al lagrimal y al contorno de la nariz. Algunas brochas de corte recto sirven para las dos cosas: en la ficha de cada una está escrito para qué se usa.
Las de base y crema, después de cada uso si se trabaja con clientes, y una vez por semana en uso personal. Son las que más producto retienen y las que antes acumulan bacterias por el contacto con la piel.